Grupo de autoayuda para quienes padecen ciertas molestias ante
comentarios Anti-K, o incluso descubren alguna tolerancia al peronismo.

El Informe de la Semana (Scioli)



Termina una semana atípica en la que Majul no escribió un nuevo libro sobre los Kirchner, el dúo cómico Romero & Gargarella no descubrió un nuevo pueblo autodeterminable y La Nación no denunció el nazismo chavista de esta dictadura marxista.

Hice las marquitas con una tiza pero los miles de argentinos que huían de la falta de diálogo me las borraron, así que no pude verificar si el fascismo avanzó en estos días. Voy a tener que llamar de nuevo a Tomás Abraham para preguntarle.

Una semana trepidante en la que todavía resuena el escándalo por la unción del moderado Scioli como candidato del FPV, hecho que indignó a los analistas serios que le exigían moderación al gobierno. Debemos reconocer que las polémicas declaraciones del candidato kirchnerista anunciando que en caso de victoria seguiría con las políticas kirchneristas no ayudaron a aquietar las aguas.

Como todos sabemos, si Horacito Rodriguez Larreta (el hombre cuya extraña sonrisa podría curarle el hipo al yeti), promete “continuar con el cambio”, eso habla de su coherencia mientras que si Scioli declara querer continuar las políticas del gobierno sólo refuerza su evidente obsecuencia.


En todo caso, si gana las elecciones, los antiK emocionales celebrarán el fin de ciclo a la vez que denunciarán su escandalosa continuidad.

Tampoco ayudó a calmar los ánimos la renuncia de Milani, en particular entre quienes la exigían. “Pedíamos su renuncia pero no así, no ahora, no de esta manera, no con estas intenciones, no…” explicaron no sin razón varios opositores. Ernesto Sanz, conocida segunda marca de Mauricio Macri, advirtió que no aceptaría “que la renuncia signifique impunidad”. Tiene razón: en la MAK advertimos que no aceptaremos que la renuncia de Milani signifique, por ejemplo, la prohibición del helado de pistacho o, aún peor, la obligación de la mayonesa.

En todo caso, no sabemos si la renuncia del Jefe del Ejércio significa que el gobierno volverá a ser montonero y revanchista o si continuará siendo videlista. Aunque no descartamos que elija ser las dos cosas a la vez.

Supimos también en estos días, gracias a un emotivo tuit de FerIglesias, experto en globalización, que el creador de las Glorietas Culturales no sería candidato al Parlasur. Conmovido por su ejemplo decidí aclarar que yo no cenaría con Julia Roberts esta noche.

Por su lado, Gaby Michetti, tal vez preocupada por algún repunte de Macri en las encuestas, consideró útil repetir que debemos pagarle a los Fondos Buitre lo que estipula el juez Griesa, propiciando de forma creativa la quiebra del Estado. Salvo indultar a Robledo Puch no vemos que consigna más piantavotos podría haber elegido.

Por su lado, Sergio Massa volvió a denunciar a los jueces sacapresos, como en su época de oro. Con un poco de suerte exigirá que vuelvan las hombreras.

Ernesto Sanz, luego de presentar a su compañero de fórmula Lucas Llach, el joven que corría a los guanacos, se preguntó en un notable spot de campaña, "¿qué hicieron de nosotros?". La política para Hola Soy Ernesto no sirve para dirimir proyectos diferentes o intereses contrapuestos sino para defender los buenos modales. El drama de nuestro país, según esta candorosa visión chikoffista, no sería la inequidad o la permeabilidad del Estado frente a los poderes no electorales sino las discusiones políticas intensas y las sobremesas exaltadas.
Aunque debemos reconocer que en algo tiene razón. Así como los gobiernos kirchneristas generan debates y confrontación, los gobiernos radicales lograron una sólida unanimidad entre sus representados, incentivando además la alternancia, una de las bases de toda república.

No sabemos qué hicieron con la UCR pero creemos que fue despiadado.

Por su parte Margarita Stolbizer intenta seducir el voto progresista, denunciando con razón a sus antiguos socios del ex multimarca UNEN por pactar con el PRO. Es cierto que su consigna “previsibilidad para atraer inversiones” está tan cargada de progresismo que podría enamorar incluso a José Luis Espert.

La candidatura de Scioli alentó a algunos sectores de la izquierda químicamente pura que se entusiasmaron con la posibilidad de una masiva desilusión del voto kirchnerista de izquierda. Alejandro Bodart, candidato del MST, llegó a escribirle a los electores K para que voten a su partido. El resultado fue tan convincente que muchos decidieron ir con Vilma Ripoll a marchar junto a la Sociedad Rural.

El cierre de listas fue un momento realmente penoso. Los fiscales Moldes y Campagnoli, por ejemplo, no lograron obtener ningún lugar. Tampoco lograron integrar alguna lista ni el juez Cabral ni la perseguida política por pilotear distinto, Victoria Xipolitakis. Nuestros héroes instantáneos son cada vez más efímeros.

En todo caso el gran acuerdo tácito de la política argentina sigue vigente: la oposición preferiría no gobernar y el kirchnerismo desearía seguir haciéndolo.

Gracias a Dios no sólo tenemos una oposición independiente sino también medios, intelectuales y economistas que con toda independencia se oponen al gobierno.

Como Alfredo Leuco, el periodista que siguió adelante pese a haber sido amedrentado con el misterioso robo de su mochila e incluso con la sospechosa desaparición de una ojota en el gimnasio. Hoy nos presenta un libro notable, que inaugura un nuevo estilo: la furia de tapa. Un lindo gesto hacia sus lectores que ya no tienen que leer su farragosa prosa para saber a quién detesta. Además, el valiente denunciador serial nos explica algo realmente asombroso: los DDHH son como una tumba, se pueden profanar.

El hecho que CFK no haya sido candidata a nada no enfrió el entusiasmo de nuestros operadores independientes que nunca dejan que el anuncio fallido de ayer los distraiga del anuncio fallido de mañana. Jorge Asís, sin ir más lejos, luego de anunciar durante semanas que “la Doctora busca fueros” explicó que la incorporación de Zannini en la formula “volvía la maniobra inútil”. Si el vaticinio ocurre, prueba la veracidad del vaticinador. Si, en cambio, no ocurre, también.

El lunes, Asís anunciará que mañana será miércoles y luego explicará que lo que pasó es que el martes vino antes.

Morales Solá, cansado de golpear sobre una oposición que ya no responde a su furia impaciente, explicó que “Scioli disponía un 20% de votos antikirchneristas que podría perder ahora que fue aceptado por CFK”. Que millones de antikirchneristas optaran por un candidato kirchnerista antes que por Macri es algo casi tan asombroso como el comando venezolano-iraní con formación en Cuba Libre, pero lamentablemente el célebre editorialista crispado no creyó conveniente argumentarlo.

Además de periodistas independientes, contamos también con economistas serios que seriamente nos explican que todos moriremos. Un dato irrefutable.

Como Alfonso Prat Gay, quien hace poco cantaba Playa Girón en el fogón del FAP junto a Donda y Tumini y hoy se ofrece a Macri y nos explica que “el sistema económico es imposible”. En el 2001 los economistas serios nos explicaban que estábamos bien, hoy nos explican que en realidad estamos pésimo. Es una cuestión de fe.

Pasó algo similar con la quita de la deuda. Cuando Néstor la lanzó, los economistas serios sostuvieron que era una estafa que nadie aceptaría. Hoy explican que fue insuficiente.

Es que las iniciativas K son siempre calamidades en el momento en el que son lanzadas para transformarse luego en virtudes que todos apoyan, como el fin de las AFJP que generaría la quiebra del sistema previsional, la AUH que incentivaría el consumo de droga o la expropiación de YPF que aportaría el temible castigo del mundo.

Entre tanta vergüenza populista, es bueno leer a verdaderos republicanos como Marcos Aguinis que se emociona cuando Swift regala a los pobres cientos de latitas de paté vencido y a la vez denuncia los 20.000 millones de pesos que el Estado asigna a la AUH, sin exigir que ninguno de sus beneficiarios pierda algún derecho para recibirla. 

Ocurre que el reaccionario se emociona con la beneficencia y se indigna con los derechos.

Mientras la Argentina se hunde por la falta de diálogo y los aviones piloteados por vedettes, el populismo también hace estragos en el mundo, como en Grecia en donde la negativa del Primer Ministro Alexis Tsipras a nombrar a la titular del FMI Christine Lagarde ministra de Economía aleja el necesario acuerdo con la banca y los acreedores. El hecho que los griegos persistan en querer respirar no alienta tampoco el optimismo de los inversores.

Además, en esta semana nos enteramos que Kurt Cobain podría haber sido asesinado, lo que complicaría aún más a Boudou.


Por culpa de este gobierno, afuera se nos cagan de risa y gracias a la oposición, nos cagamos de risa adentro.


Foto: en el Centro Experimental Néstor Carlos Kirchner un oficial de La Cámpora pone a punto el robot kirchnerista que controlará a Scioli para evitar que impulse el necesario diálogo y el fructífero consenso (cortesía Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED.)

Pispeá
 

Próxima Gran Cena de la MAK el miércoles 8 de julio de 2015


Preocupado por la evaporación de nuestra oposición que nos condena a generar alguna propia, nuestro Maestro de Luz Elbosnio, el Sri Sri Ravi Shankar del kirchnerismo de salón, dio curso a la Secretaría de Guateques, Cachondeos y Pechito con Pechito (la ya legendaria SeGuCachPech, por sus siglas en inglés) liderada por Nagus el Magnífico para que organice la próxima Gran Cena de la MAK el miércoles 8 de julio, en honor a San Procopio, mártir cuya vida ejemplar lo iluminó en la suya.

La Gerencia de Invitados ilustres (la célebre GIL) invitó a un conocido teórico del populismo de salón, que suele hacerse llamar Maestro de Luz por sus escasos seguidores. Él y sus tiradores serán la sorpresa de la noche.

El lugar es el habitual, el ya legendario Salón Dorado Horacito Rodríguez Larreta del Círculo Salvavidas, ubicado en Cabello 3958, barrio carenciado de Palermo, a las 20:00.

Pese a ser K respetamos los acuerdos a largo plazo y las políticas de Estado: se pagará una entrada única de $60, lo que dará opción a empanadas frozen (con suerte más de una), vino de ferretería y gaseosa tibia a granel.

Quienes dispongan de recursos a pesar de un fin de ciclo que es peor que el 2001, podrán negociar directamente con el Círculo Salvavidas el plato Súper De Luxe Primera Especial, como milanesa, pechuga, ensalada y demás manjares.

Por razones de seguridad nos vemos en la obligación de mantener el santo y seña: "¡Qué desmejorado que está Elbosnio!". Berni en uniforme de camuflaje lo exigirá en la entrada, sin excepción.

Foto: En el Campo de Entrenamiento Néstor Carlos Kirchner, el General (sentado, con anteojos) posa junto al comando venezolano-iraní con formación en Cuba Libre.
Cortesía Fundación Led para el Desarrollo de la Fundación Led.
Pispeá
 

La AUH y la indignación semántica


Columna publicada en Nueva Ciudad.

“La Asignación Universal por Hijo se está yendo por la canaleta de la droga y el juego”

Ernesto Sanz, mayo del 2010


“Hay que transformar la Asignación Universal por Hijo en ley“

Ernesto Sanz, mayo del 2014






Con frecuencia, las críticas opositoras a las iniciativas kirchneristas se centran en las formas, los procedimientos o las intenciones, más que en las iniciativas en sí o en sus resultados.

Entre las variantes de esas críticas está la indignación semántica, que se destaca por analizar con precisión talmúdica lo que el gobierno opina sobre sus propias iniciativas o, incluso, de qué forma las nombra y considera su contenido como algo secundario.

Uno de los casos más denunciados por los entusiastas de la semántica es el de la Asignación Universal Por Hijo (AUH), ya que la misma no sería universal dado que no la perciben todos los menores de 18 años del país.

En rigor de verdad, la AUH fue una ampliación del régimen de asignaciones familiares que agregó dentro del universo de los beneficiarios- básicamente hijos de trabajadores registrados- a los hijos de padres desocupados, trabajadores en negro y personal de servicio doméstico que perciban ingresos iguales o por debajo del salario mínimo. El objetivo es que todos los menores, sean sus padres trabajadores registrados o no, estén cubiertos con una asignación. Esa es la universalidad de la medida, concretada a través de unos 18.000 millones de pesos distribuidos cada año.

Otra crítica, que podríamos llamar indignación copyright, señala que la idea de la AUH no fue del gobierno sino de otros y que “lo único” que se hizo fue apenas encontrar los recursos, implementarla y monitorearla.

Los indignados también suelen ser tenaces al denunciar a la AUH por su origen impuro, dado que fue proclamada a través de un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) y no de una ley en el Congreso. Más allá que un DNU aprobado por el Congreso tiene fuerza de ley y dispone de todas sus prerrogativas y garantías, podríamos tratar de imaginar qué hubiera pasado si CFK enviaba el proyecto al Congreso en lugar de decretarlo: el radicalismo probablemente no lo hubiese votado, como no votó el fin de las AFJP a pesar de haberlas criticado desde siempre.

Todas estas formas de indignación son lugares comunes resistentes, pero sobre todo, asombrosos.

En efecto, a nadie se le ocurriría quitarle méritos a Roque Sáenz Peña porque la ley de “sufragio universal” que lleva su nombre es semánticamente falsa, al no estar incluidas las mujeres o porque apenas un 12% de la población total votó en las elecciones de 1928. Tampoco dejaríamos de alabarlo aunque la idea haya sido planteada por otros, durante la Revolución Francesa o incluso antes.

La misma Indignación Copyright denunció la legislación laboral del primer peronismo porque, en realidad, eran ideas del socialista Alfredo Palacios. También, como en el caso de la feminista Victoria Ocampo, se opuso al proyecto de sufragio femenino pese a apoyarlo debido a sus “obscuras intenciones.”

Para los indignados, el drama parece radicar en que las mayorías, más rudimentarias y menos ilustradas a sus ojos, suelen darle el mérito político de las buenas iniciativas a los gobiernos que las implementan. Asombroso.

Foto: La Internacional Semántica manifiesta su más enérgico repudio a la Ley Sáenz Peña, "que sin serlo se define como universal". (gentileza Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED.)
Pispeá
 

El faraón, la pirámide y la arquitecta egipcia















Columna publicada en Nueva Ciudad.



“El arquitecto Pei trata al patio del Louvre como si fuera un anexo de Disneylandia”

André Fermigier / Le Monde / enero de 1984


Apenas elegido presidente, el socialista François Mitterrand planeó una serie de “grandes proyectos” para Paris. El más emblemático fue la pirámide del Louvre, diseñada por el arquitecto norteamericano Ieoh Ming Pei.

Mitterrand había decidido incorporar al museo el ala norte del edificio, hasta ese momento ocupada por el ministerio de Finanzas, para permitir la exhibición de obras almacenadas en los depósitos. La propuesta de Pei resolvía el problema del acceso al museo ampliado, que presentaba una forma de “herradura”.

Hoy la pirámide es un hito parisino respetado por todos- además de ser la obra del Louvre más admirada luego de la Gioconda y la Venus de Milo- pero su génesis no conoció esa unanimidad.

En 1984, el anuncio del proyecto generó el inmediato rechazo de la oposición de derecha pero también de la Comisión de Monumentos Históricos, de varios medios (en particular Le Figaro, una especie de La Nación francesa) y de una parte significativa de la opinión pública indignada por la “destrucción” de la cour Napoléon, el patio donde se ubicaría la pirámide. La decisión de Mitterrand de encargar el proyecto de forma directa al arquitecto norteamericano- eludiendo el sistema de concurso utilizado en todos los otros proyectos presidenciales- indignó también a muchos arquitectos franceses y fortaleció la crítica de “faraón” que recibió el presidente.

Algunos críticos sofisticados, como el columnista del diario Le Monde citado al principio de esta columna, lamentaban lo que veían como una profanación del templo de la cultura. Y, en rigor de verdad, no se equivocaron: el Louvre pasó de tener menos de 3 millones de visitantes por año a recibir casi 10 millones. Además, muchos de esos visitantes sólo quieren ver la pirámide: miles de parejas se fotografían delante de la obra de Pei como otras lo hacen delante de la torre del ingeniero Eiffel, ese otro artífice de la cultura popular que tanto despreciaron los críticos sofisticados (el escritor Guy de Maupassant, que la detestaba, solía almorzar en el restaurante de la torre argumentando que era el único lugar de Paris donde no la veía.)

La pirámide del Louvre no sólo resolvió un problema específico -el acceso al edificio ampliado- sino que generó un nuevo hito para la ciudad: Le Figaro llegó a celebrar uno de sus aniversarios con un cóctel en el hall de aquella a la que había denostado. La decisión de Mitterrand y el trabajo de Pei, además, transformaron un museo para iniciados en un generoso espacio popular visitado por millones de personas, generando riqueza y PBI.

La reciente inauguración del Centro Cultural Kirchner en el antiguo Palacio de Correos y Telégrafos suscitó críticas apasionadas debido a su nombre, su costo, su tamaño o la aparente falta de seriedad en su programación. Al igual que ocurrió con los “grandes proyectos” de Mitterrand, las críticas y apoyos suelen corresponder tanto a los lineamientos políticos como a una cierta alergia a la cultura popular.

Prenda de canje de una de las últimas privatizaciones de los ´90, el Palacio de Correos podría haber terminado como alguno de los negocios inmobiliarios privados con activos públicos tan preciados por nuestros liberales. Haber evitado esa opción es de por sí una buena noticia. El muy buen proyecto de los arquitectos Enrique Bares, Federico Bares, Nicolás Bares, Daniel Becker, Claudio Ferrari y Florencia Schnack es otra buena noticia.

Se trata de un espacio de 100.000 m2 de acceso gratuito, con salas dedicadas a la difusión de la música, las artes plásticas y el cine. Eso es lo que realmente cuenta, la riqueza y el PBI que esa generosidad pública van a aportar, como ocurrió con la pirámide del Louvre.

El resto -las críticas por el nombre, por los gustos de “la arquitecta egipcia”, por la programación aún no detallada o el inevitable desborde de un espacio popular- se los dejamos a las lloronas ilustradas que, como André Fermigier, mañana ya habremos olvidado.

Foto: señoras indignadas por el siniestro proyecto del Ing. Eiffel exigen su demolición (gentileza Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED.)
Pispeá
 

Magnetoterapia contra la hegemonía

Muchas veces en la MAK discutimos sobre la estrategia de los medios dominantes, que no son otra cosa que el brazo mas visible de la plutocracia en la arena política. 

Vemos su fracaso al no poder instalar un candidato propio en la Casa Rosada, ni siquiera desplazar de allí al FPV, la fuerza que mas los enfrenta, y a veces nos tentamos en concluir, con cierta ligereza, que los medios no tienen el poder imaginado.

Lo primero que tenemos que aceptar es que en la arena politica no hay fuerzas que impongan su voluntad, al estilo de un Caesar (de lo que creemos que hacía un Caesar, al menos.)

Los actores no electorales por lo general no imponen su voluntad sino que erosionan la fortaleza del adversario, lo frenan, lo disuaden, mientras estimulan o potencian las de sus aliados. Actúan sobre los políticos y sobre las ideas.

La política es parte del reino de las probabilidades. 
Un actor con poder es aquel que logra quitarle 5% de apoyo al candidato que no quiere o a la idea que teme y agregarle 5% al que si quiere. No parece gran cosa pero en el largo plazo, con sucesivas iteraciones, esa fuerza inercial hará una sublime diferencia.

Pero en el tema medios y FPV creo que además erramos en creer que el objetivo de la Magnetoterapia es destronar al FPV. La plutocracia busca destronar al modelo, no a una persona. Y lo primero que debe hacer, como táctica defensiva, es evitar que ese modelo se vuelva hegemónico.

La erosión mediática, esa metralla diaria casi disparatada que horroriza a la mitad de los argentinos, sumada al vasallaje al que someten a cada político opositor que divierte a la otra mitad de los argentinos, han tenido éxito en el plano de prevención de hegemonía.

Si después de una década con los resultados que se obtuvieron, tanto en el plano del ciudadano (derechos civiles, empleo, ingreso popular, etc.) como desde la perspectiva de los políticos (votos, reconocimiento popular, internacional, recursos para obras y fanfarrias) se hubiesen dejado las fuerzas del mercado político a la libre competencia hoy todos los partidos nacionales competirían dentro del modelo. Nadie en su sano juicio haría campaña objetando sus líneas rectoras.

Sin la erosión magnética, sin el estímulo de la protección mediática de la que goza Mauricio o de la amenaza de invisibilidad que sobrevuela sobre todos los invitados a TN, el PRO, la UCR, los socialistas y varios más competirían sosteniendo que en sus manos el proyecto de un Estado presente, de un Estado recaudador, distruibuidor, de un creador de derechos, sería mucho más amplio, más rápido, más crispador. 

Contraofertarían con "Basquet Para Todos", AUH hasta los 30 años, estatización de las celulares y los supermercados, un poco al estilo de la propuesta del 82% móvil que plantearon alguna vez.

Librado a las fuerzas competitivas del voto, el modelo habría tenido mas hegenomía que la lograda por la convertibilidad en los 90's. 
Década en la que ninguna estructura politica proponía el fin de la convertibilidad como bandera. Porque ni siquiera los damnificados por la convertibilidad valoraban las promesas sobre su finalización. La oposición al gobierno creador de la convertibilidad hizo campaña prometiendo sostenerla y ganó. Y siendo presidente, ese opositor prefirió arriesgarse a ser eyectado, y serlo, antes que tocar la convertibilidad.

Esa es la hegemonía a la que temen Magneto y sus sponsors.
Esa es la hegemonia que logró, con mucho éxito, evitar.






(*) En la foto un aparato de Magnetoterapia para indignar diputados, desarollado por Opo Labs con plata de los jubilados, de esa que sacaron antes de la nacionalización de las AFJPs. 

Pispeá
 

Próxima Cena de la MAK el miércoles 3 de junio



Preocupado por la asistencia a la Plaza que ni siquiera superó el millón de personas, nuestro Maestro de Luz Elbosnio, el Sri Sri Ravi Shankar del kirchnerismo de salón, dio curso a la Secretaría de Guateques, Bautismos y Velorios (la ya legendaria SeGuBauVel, por sus siglas en inglés) liderada por Nagus el Magnífico para que organice la próxima Gran Cena de la MAK el miércoles 3 de junio, en honor a San Lifardo, presbítero cuya vida ejemplar lo iluminó en la suya.

Para intentar aportar algo de seriedad a la reunión, el amigo Mus invitó a la compañera Silvina Batakis, Ministra de Economía de la provincia de Buenos Aires.

Asombrosamente la compañera aceptó.

El lugar es el habitual, el ya legendario Salón Dorado Horacito Rodríguez Larreta del Círculo Salvavidas, ubicado en Cabello 3958, barrio carenciado de Palermo, a las 20:00.

Pese a ser K respetamos los acuerdos a largo plazo y las políticas de Estado: se pagará una entrada única de $60, lo que dará opción a empanadas frozen (con suerte más de una), vino de ferretería y gaseosa tibia a granel.

Quienes dispongan de recursos a pesar de los desmanes de la GestAFIP podrán negociar directamente con el Círculo Salvavidas el plato Súper De Luxe Primera Especial, como milanesa, pechuga, ensalada y demás manjares.

Por razones de seguridad nos vemos en la obligación de mantener el santo y seña: "¡Qué desmejorado que está Elbosnio!". Berni en uniforme de fajina lo exigirá en la entrada, sin excepción.

Foto: En el Centro de Actualización Doctrinaria Néstor Carlos Kirchner, el General (de pie, con anteojos) posa junto a los nuevos reclutas en uniforme de verano.

Cortesía Fundación Led para el Desarrollo de la Fundación Led.
Pispeá
 

El chavismo imaginario, el ejército cristinista y el pasado virtuoso.


Columna publicada en Nueva Ciudad.


“cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.”


Jorge Manrique / Coplas (1476)



Dentro de la crítica opositora, generosa en enojos, denuncias imaginarias y apocalipsis inminentes (aunque siempre esquivos a concretarse), Beatriz Sarlo suele ser un caso aparte. Sus análisis políticos dejan de lado la indignación moral, algo casi milagroso en el periodismo de hoy.

El sábado pasado fue 
entrevistada por Jorge Fernández Díaz, columnista que solía diferenciarse del periodismo de púlpito de sus colegas de La Nación.

Sarlo comienza la entrevista opinando que la actual campaña electoral es “pobre y aburrida” y la compara a las campañas de los ´90 que eran “interesantes y se jugaban mucho”.

Es extraño tomar las de los ´90 como ejemplo de campañas “interesantes”. Ni la del Frepaso, por la candidatura de Bordón-Álvarez; ni la de la UCR, con la fórmula Massaccesi-Hernández del ´95; ni mucho menos la de la Alianza, con la fórmula De la Rúa-Fernández Meijide en el ´99, pusieron en duda la continuidad de la convertibilidad, base del modelo económico menemista.

Justamente, esa hegemonía política de la convertibilidad vació de contenido las propuestas opositoras. Es por eso que las campañas se centraron en consignas de ONG sobre los estragos de la corrupción -en la firme promesa de terminar con ese flagelo a través de iniciativas notables como la venta del Tango 01- como en mantener a rajatabla el 1 a 1. De hecho, De la Rúa prefirió el suicidio político a un cambio de modelo. Cuesta ver en ese sueño anoréxico aliancista “un discurso interesante que se jugara mucho”, según la propia Sarlo en su charla con Fernández Díaz.

La ensayista también menciona los riesgos judiciales de CFK una vez que deje la presidencia, ya que “los partidos se han comprometido en una corrupción cero de aquí en adelante pero también en una revisión de los actos de gobierno hacia atrás.” Pensar que quienes gobiernan hoy la CABA, Tigre, Córdoba o Santa Fe puedan conformar una especie de Liga de Honestidad dedicada a frenar el flagelo de la corrupción pública se acerca al pensamiento mágico, y creer simplemente que la corrupción pública es nuestro flagelo, es una reedición candorosa de la Alianza pero sin sus candorosos líderes.

En otro momento de la entrevista, Fernández Díaz pregunta si hay “riesgo de chavización” en el caso de una victoria de Scioli. Ese enunciado, de una sólida ignorancia sobre lo que es el chavismo, el kirchnerismo y el peronismo en general, es refutado por Sarlo con cierta divertida ironía. Luego de enumerar diferencias estructurales con el régimen venezolano, Sarlo concluye que esto no es “exactamente” Venezuela.

Sin embargo, tal vez asustada por una opinión demasiado tajante, lanza una hipótesis que, aclara, espera no sea cierta. La hipótesis en cuestión es que el kirchnerismo apueste a Milani y a presionar a través de las fuerzas de seguridad para lograr esa tan temida chavización. El apoyo de Scioli al actual Jefe del ejército probaría la veracidad de la sospecha.

Por suerte, según Sarlo, el ejército ya no es el que era antes de la renovación lanzada por el general Balza y, a su entender, eso haría imposible la posibilidad de un “ejército cristinista”. Es decir que si nada de esto ocurriera sería gracias al republicanismo de nuestras FFAA y no a la ausencia de planes golpistas en el oficialismo. La Invasión de Polonia revisitada.

Beatriz Sarlo, analista política seria, sueña con las campañas módicas de una época en la que el modelo existente era hegemónico, detecta como un problema político relevante la corrupción pública (ese mismo diagnóstico que llevó a la Alianza al fracaso) y no descarta un golpe chavista en un país al que define como estructuralmente alejado del chavismo.

Alguien dijo alguna vez que el kirchnerismo “los enloquece”. En el caso de Sarlo y Fernández Díaz parecen estar bebiendo sus nostalgias, empañada la visión, como canta el tango.


Foto: oficiales del ejército cristinista al mando del mariscal Milani juran obediencia a la nueva Emperadora (cortesía Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED).
Pispeá
 

La política berreta


Columna publicada en Nueva Ciudad.

Dejando de lado por una vez el nazismo de Néstor, la demencia senilde CFK y la estupidez hábil de Máximo, la revista Noticias llevó adelante una gran investigación sobre la política berreta, esa que tendría a Del Sel como candidato estrella. Invitado a uno de los almuerzos de Mirtha Legrand el candidato a gobernador de Santa Fe se defendió del profundo análisis periodístico y argumentó, con razón, que ningún artículo de la Constitución le impedía hacer política. Agregó -con aún más razón y un discurso bien articulado- que su trabajo como humorista no tenía nada de reprochable.

Después, al parecer no del todo convencido por sus propios argumentos, explicó que desde hace cuatro años se viene preparando con “cursos en la universidad Di Tella”, hablando con “economistas como Melconian” y asesorándose con “un equipo técnico de más de 400 profesionales que me van llenando la cabeza”. Información que, en rigor de verdad, no tiene demasiada importancia.

La crítica a Del Sel por su falta de seriedad o su formación escasa es un buen ejemplo de lugar común reaccionario que atraviesa todas las tendencias políticas. Que “La Tota” se atreva a presentarse como candidata genera una indignación transversal.

Lo primero que sorprende es que muchos de sus críticos asimilen a Del Sel con sus personajes. Eso equivale a creer que los electores de California votaron como gobernador a un cyborg asesino venido del futuro para matar a Sarah Connor  y no a Arnold Schwarzenegger.

Pero lo más notable es que el discurso político del candidato a gobernador -plagado de otros tipos de lugares comunes reaccionarios- no difiera en esencia del que puede ostentar Michetti. Sin embargo, que lo diga Gabriela no nos genera el mismo tipo de rechazo. No sabemos cuál es su formación académica, pero cumple con los estándares de seriedad que aceptamos como válidos, más allá que critiquemos sus ideas.

No hace falta buscar muy lejos para encontrar ejemplos de políticos exitosos que carecen de esos estándares de seriedad, como el tornero Lula o el cultivador de coca Evo Morales. Tampoco los tenía otra política exitosa, Eva Perón, detestada por ser una simple cortesana(“Abofeteaba a jueces, militares, ministros y senadores, porque ella, que había sido una pobre cortesana de departamento de una pieza, había llegado a ser la matrona nacional” escribió, con su proverbial mesura, Ezequiel Martínez Estrada).

La crítica a un candidato por una supuesta falta de seriedad o por ausencia de formación cae en el mismo error de la soberbia moral, que establece la preeminencia de las cualidades personales por sobre las iniciativas de nuestros políticos. Lo relevante, lo que lo diferencia de cualquier otro candidato, son sus iniciativas y sus ideas, el país que propone y como imagina lograrlo, no lo que es.

En ese sentido, una declaración de Del Sel como la referida a la AUH (“¿Qué preferís, que una piba ignorante se embarace para cobrar una platita todos los meses y ni siquiera se den cuenta que le están arruinando la vida?”  -dicho sea de paso no muy diferente a la famosa canaleta del sobrio senador Sanz- es más relevante políticamente que discutir si sus personajes son misóginos.

Catalogar la política a partir de lo que es cada político es una idea peligrosa. Equivale a establecer categorías de gente, entre candidatos calificados y candidatos berretas. El candidato calificado encierra la idea del elector calificado. Si existen ciudadanos demasiado berretas para ser elegidos, ¿por qué no podríamos determinar lo mismo para ciertos electores?

Lo más extraño es que, con frecuencia, los estrictos estándares de calidad exigidos a nuestros políticos expulsarían a muchos de quienes los exigen. Como si administrar el Estado fuera una tarea para un selecto grupo de iniciados y no para cualquiera comprometido con la función, sea tornero, cortesana, humorista, cultivador de coca o incluso (seamos tolerantes) abogado.

Foto: un político berreta intenta descaradamente ganar el voto de futuros electores (cortesía Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED.)

Pispeá
 

La eucaristía del voto



Columna publicada en Nueva Ciudad.

“En la ciencia no hay comicio. Por ejemplo, los ángulos interiores de un triangulo suman 180º por más que toda la provincia se pronuncie en contra. No hay una asamblea para determinar las verdades científicas. Algunos creen, al revés, que en política hay una verdad científica y que los electorados aciertan o no aciertan a una verdad que es previa a la elección…”

Alejandro Dolina


Para quienes no estamos del todo convencidos de la existencia de Dios y descreemos de sus representantes en la tierra, las elecciones son nuestra eucaristía atea, el momento en el que los votos se transforman en gobernantes por la gracia de las mayorías.

Apoyo con entusiasmo todos los ritos que acompañan a las elecciones. Suelo llevarle facturas a las autoridades de mesa; torturo a mi hijo menor, como torturé a su hermana mayor, pidiéndole que me acompañe a votar; me emociono cuando aplauden a los votantes nóveles de 16 años y no dejo de asombrarme por un hecho mágico: como en la película de Sidey Lumet 12 hombres en pugna, la verdad no surge de una asamblea de sabios ni del más virtuoso de los hombres sino del simple abuso de la estadística, como escribió Borges sobre la democracia.

Ocurre que el paradigma igualitario de “un ciudadano, un voto”, choca contra el sentido común conservador que nos agobia con las ventajas de la meritocracia y el esfuerzo por sobre las terribles consecuencias de los derechos adquiridos, esos que se otorgan sin contraparte y condenan a quien los recibe a vivir del pescado regalado sin nunca aprender a pescar.

Quién participa activamente de los comicios más allá del simple voto y se esfuerza por informarse a través de publicaciones o libros- o incluso se impone la titánica tarea de leer todo un afiche del PO- buscando tener una idea sobre los candidatos que vaya más allá de su simpatía, su cónyuge o su peinado, debería, según esa línea meritocrática, tener algún tipo de premio. Su voto tendría que valer más que el del ciudadano perezoso que no se tomó otro trabajo que el de elegir a las apuradas una boleta de la pila más cercana.

Un tío mío, ya fallecido, solía defender el voto calificado como un método eficaz para terminar con el flagelo del peronismo ya que, a su entender, la ignorancia del votante era la razón del éxito populista. Lo más encomiable de su propuesta era su autoexclusión de hecho del grupo de sabios electores: habiendo cursado sólo la escuela primaria no hubiera pasado ningún filtro académico. En ese sentido mi tío era el sueño de los entusiastas de la república Tío Tom, esa en donde los poderosos, por definición los más calificados, entregan lo que les sobra a los más humildes que lo reciben con ojos húmedos y gesto agradecido.

En esa misma línea de pensamiento no es infrecuente escuchar que tal elección fue ganada gracias al “clientelismo”, una denuncia vaporosa que también apunta hacia un cierto tipo de voto calificado, aunque ya no por nivel de estudios o conocimientos, sino por patrimonio e ingresos. Según esa candorosa mirada, en nuestro país los ricos no tendrían prejuicios ni tampoco recibirían beneficios del Estado que los alentarían a votar por tal o cual candidato.

Pese a los sueños de mi tío y a la eterna alergia conservadora a las mayorías- y gracias a los radicales que a los tiros consiguieron instaurar el sufragio universal y a Perón que amplió ese extraño universal exclusivamente masculino a las mujeres- hoy votamos todos y cada voto cuenta lo mismo.

Y en cada nueva elección asistimos a la fabulosa transmutación de votos de ignorantes, planeros, pobres y canallas a la par de los de los sabios, ricos y virtuosos, en gobernantes. En cada nueva elección volvemos a comprender que no hay una verdad previa a la elección, esa que menciona Dolina, sino sólo la que devela la magia de la eucaristía del voto.


Foto: En el Cámara Nacional Electoral Néstor Carlos Kirchner, nuestro Maestro de Luz Elbosnio bendice las urnas antes de quemarlas (gentileza Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED).
Pispeá
 

Próxima Gran Cena de la MAK el miércoles 6 de mayo de 2015



Preocupado por la mala performance del FPV en la CABA que podría hacernos perder el distrito, nuestro Maestro de Luz Elbosnio, el Sri Sri Ravi Shankar del kirchnerismo de salón, dio curso a la Secretaría de Guateques, Bautismos y Velorios (la ya legendaria SeGuBauVe, por sus siglas en inglés) liderada por Nagus el Magnífico para que organice la próxima Gran Cena de la MAK el miércoles 6 de mayo, en honor a San Demetrio, mártir cuya vida ejemplar lo iluminó en la suya.

El lugar es el habitual, el ya legendario Salón Dorado Horacito Rodríguez Larreta del Círculo Salvavidas, ubicado en Cabello 3958, barrio carenciado de Palermo, a las 20:00.

Pese a ser K respetamos las tradiciones: se pagará una entrada única de 60 australes, lo que dará opción a empanadas frozen (en el milagroso caso de que haya suficientes), vino de ferretería y gaseosa tibia a granel.

Quienes dispongan de recursos a pesar de la crisis que 678 persiste en negar podrán negociar directamente con el Círculo Salvavidas el plato Súper De Luxe Primera Especial, como milanesa, pechuga, ensalada y demás manjares.

Por razones de seguridad nos vemos en la obligación de mantener el santo y seña: "¡Qué desmejorado que está Elbosnio!". Berni lo exigirá a la entrada.

Foto: En la Universidad de Verano de la MAK, el General inicia a los nuevos reclutas en el arte de compartir el esférico.

Cortesía Fundación Led para el Desarrollo de la Fundación Led.
Pispeá
 

Así fue la Gran Cena de la MAK (Jozami)



Preocupado por el repunte de la imagen de CFK que sólo puede anunciar un nuevo tiro en el pie oficialista, nuestro Maestro de Luz Elbosnio, el Sri Sri Ravi Shankar del kirchnerismo de salón, dio curso a la Secretaría de Guateques, Fiestas Negras y Bar Mitzvás (la ya legendaria SeGuFiNeBarMi, por sus siglas en inglés) liderada por Nagus el Magnífico para que organizara una Gran Cena de la MAK el miércoles 1 de abril, en honor a San Walerico, abad cuya vida ejemplar lo iluminó en la suya.

Para intentar acortar un poco los eternos discursos de Contradicto, la Gerencia de Invitados Ilustres (la célebre GIL) decidió invitar a Eduardo Jozami, actual precandidato a diputado nacional.

Asombrosamente no sólo Jozami aceptó sino que además vino y luego que le explicáramos qué diablos es la MAK, incluso decidió quedarse.

Sentimos, eso sí, la ausencia de Graciana y Mariana Moyano, nuestras Hadas Madrinas, y de casi toda la Rama Femenina. Sin Mabel, Bibiloni ni Helenita, Maby y Las Pornógrafas llevaron el estandarte del mal llamado sexo débil frente a la mirada orgullosa del amigo Russian y Diegohc.

Luego de leer escrupulosamente el Orden del Día que estableció la imperiosa necesidad de contar con uno y definir de manera fehaciente el número de fin de ciclo kirchnerista de la semana (“Doy fe que es el Nº 12.677” anunció la doctora María Amelia, escribana de la MAK), dimos curso a nuestro invitado para iniciar la charla horizontal y participativa, como la MAK.

En relación a la actualidad, Jozami consideró que si bien las condiciones siguen siendo difíciles, el gobierno tiene el control de las variables económicas y no ocurrió el desbarajuste anunciado hace un año y medio. “No tenemos claro cual va a ser el candidato oficialista y no sabemos como va a seguir en 2016, esto es paradójico teniendo en cuenta el apoyo que existe”.

Para Jozami el balance de estos 12 años es de grandes transformaciones en políticas distributivas, pero con factores estructurales que no se superaron. “No son fáciles de superar”, aclaró antes que Contradicto le tirara con una botella (vacía) de El Justicialista y que el General fuera a buscar las armas largas al baúl del auto.

“Enfrente tenemos una oposición sin ideas, con un Binner desinflado, un alfonsinismo inexistente, Massa que pierde peso y un acuerdo UCR-PRO difícil de imaginar hace unos años. Esto me hace recordar a lo que Néstor decía: que la Argentina debía tener dos grandes partidos de centro derecha y centro izquierda”.

“El kirchnerismo tiene la mayor militancia de todos los partidos, algo de lo que carecía al principio, aunque tenemos dudas sobre la organicidad del movimiento. Es una gran diferencia con el PT, por ejemplo, que consolida liderazgos gracias a su gran organicidad. La columna vertebral del kirchnerismo sigue siendo el PJ, aunque hay PJ que no apoya al kirchnerismo y kirchenristas que no son PJ.”

Jozami forma parte de los kirchneristas que no se sienten del todo cómodos en un movimiento que “bancó a Menem en los ´90, a Néstor en el 2003 y a Scioli en el 2015”. El peronismo es, en el fondo, una manera de ejercer el poder (para bien o para mal)escribimos una vez.

Busqué con la mirada a Nagus para ver cual era su reacción ante ese comentario pero me di cuenta que seguía mirando el partido, en la sala principal del Círculo Salvavidas. Así nunca vamos a tomar el Palacio de Invierno. Un té de boldo, con toda la furia.

Ante la pregunta de un compañero sobre si debemos aceptar que el ciclo progresista terminó y prepararnos para un nuevo “péndulo”, Jozami contestó que si algo demostró el kirchnerismo es que se puede tener una política determinada no atada al comportamiento de la economía.

Nuestro Maestro de Luz Elbosnio, hasta ese momento sospechosamente silencioso preguntó a nuestro invitado “qué deberíamos rezar cada mañana para que ocurra” y le comentó que cuando D´Elía pasó por la MAK nos golpeó con el hacha con la que luego asesinó a Nisman por pensar que Scioli es el ganador puesto.

Como Aníbal, el Chivo Rossi, Taiana y Urribarri, Jozami considera que no hay que anticiparse: “Nadie puede decir lo que CFK va a decidir”.

Cuando el joven Camporita, invitado estelar de la cena anterior, le preguntó a nuestro invitado cual es su candidato preferido, la respuesta no nos sorprendió: Taiana y el Chivo.

Fue en ese momento que nos dimos cuenta que Jozami hablaba sin interrupciones, algo inédito para un invitado de la MAK. Efectivamente Dani, Interrumpidor Oficial de la MAK y Matías, su joven Padawan se ausentaron sin dar explicaciones. El amigo Tom Slick, Acotador Compulsivo de la MAK tuvo una tarea extra pero por suerte fue rápidamente ayudado por Alberto, nuestro Acotador Compulsivo Bis y un nuevo compañero cuyo nombre no trascendió pero sí su talento para interrumpir al invitado e incluso, hacia el final, para abrazarlo.

Ante la pregunta de una compañera (“¿Por qué hay tantas certezas sobre el trinunfo de Scioli?”) Jozami contestó que le encantaría tener las dudas de la compañera. “Scioli tiene una buena imagen desde hace años y todas las encuestas le dan muy bien”.

Frente a las críticas a Scioli, comenté que el kirchnerismo es ese espacio extraño que se lamenta ante la posibilidad de seguir gobernando luego de tres períodos presidenciales porque el candidato en cuestión carece de un alto grado de pureza químicamente kirchnerista.

Frente a otra pregunta sobre Massa opinó que sus votos fueron heterogéneos y oportunistas, a diferencia de los votos de Macri, un político coherente. “Por eso al macrismo no le podemos sacar votos, pero sí al massismo y a los radicales”.

Para el Inye, Massa está perdiendo el voto PRO de la provincia que en 2013 no tenía candidato. “En caso de balotaje PRO-FPV, los votos de Massa iría en un 70% al FPV y sólo el 30% a Macri”.

Para Jozami la Argentina es un país muy presidencialista, es difícil condicionar a un presidente. Es decir que si ganara Scioli más allá de que CFK tendrá mucho peso, su discrecionalidad será grande (adiós a la Teoría del Cerco Bis).

Contó los límites del Grupo de los 8 de conseguir el apoyo de intendentes, que al fin y al cabo dependen de los gobernadores y del presidente.

“En todo caso hay que ampliar la base, condicionar al futuro presidente requiere mayor representatividad. El kirchnerismo tiene poca representación en las organizaciones sindicales y universitarias.”

Ante la pregunta de una compañera sobre qué hacer con la Justicia (evitando, al menos en un primer momento, los fusilamientos sumarios) Jozami explicó que la idea de la Justicia como poder contramayoritario está muy instalada pero es algo que la Constitución no dice en ningún lado. “Pero tal vez haya que ir más gradualmente, el proyecto del FPV era inaceptable para los abogados”. Sobre los juicios por DDHH, opinó que el próximo paso es seguir con la complicidad civil, y ese paso será mucho más difícil para el poder político como vimos con Massot, Papel Prensa o Blaquier.

Fue en ese momento que, ante la presión descontrolada de sus fans, el Inye lanzó su ya legendaria Crónica de la Rosca Bonaerense

Nuestro Hombre en la Plata empezó recomendando un gran artículo de la amiga MEC (María Esperanza Casullo) sobre las mutaciones de Massa, publicado en uno de los portales de noticias más elogiados del momento.

“El massismo se degrada, preocupan los heridos de las listas y acuerdos de baja calidad como el que hizo con De Narváez.”

“Macri espera un milagro con Mariú Vidal y Julián Domínguez parece una buena apuesta del FPV. Por otro lado miden a CFK como candidata a diputada nacional y como gobernadora, y al parecer mide unos 40 puntos.”

Se trataría del Operativo Cagazo, complementado con el lanzamiento de la figura de Máximo, gentilmente apuntalada por Clarín y el regalo que le hicieron con la vaporosa denuncia de las cuentas en el exterior.

“Massa compra armados que después se le desarman. No hubo los garrochazos anunciados pero además se empiezan a valorar los 12 años de kirchnerismo. Hasta los carteles de Scioli se kirchnerizan, eliminando el naranja de los carteles y poniendo Scioli para la Victoria.”

Luego que Camporita preguntara por qué la clase media porteña es tan antiperonista o antikirchnerista, Jozami contestó que el miedo de las clases medias en 1955 era muy parecido, miedo a la irrupción de las clases bajas. Citó a Martínez Estrada: “No podemos aguantar la soberbia de esta gente que te viene a arreglar algo a tu casa y te cobra como si fueran profesionales.” (Recordé al parquetista y al plomero y no pude más que apoyar la justa indignación de Martínez Estrada).

Para Jozami, el discurso honestista es también como el de la oposición antiperonista de 1955, no tiene propuestas, sólo indignaciones.

“El fracaso del progresismo en la CABA nos ha hecho mucho daño ya que ahí apareció Macri. Macri no es un bobo, es un error tomarlo como tal. Interpreta a sectores de la clase media en su rechazo a la política. El FPV debería tener en cuenta ciertos valores de la clase media, sin bajar sus banderas. No hay que tachar la CABA.”

Para el amigo Niqueco, los candidatos del FPV en la CABA hablan más de lo nacional que de la CABA (crítica que, luego de la anoréxica elección del FPV en las PASO, volvió a surgir entre los kirchneristas)

Para Jozami hay que trabajar a nivel de las comunas, ese es el el tajo en el teflon macrista.


Foto: a la salida del Círculo Salvavidas, nuestro Maestro de Luz acompaña a Jozami, mientras las capas makistas de ambos son llevadas en andas por sus enfervorizados partidarios. A la izquierda de nuestro Maestro de Luz (tocado con su solideo cardelanicio makista), se ve a Nagus (que sigue mirando el partido en su tablet). Detrás, de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo los miles de comensales que no tuvimos tiempo de censar.

A mí no me busquen. En pleno fin de ciclo si ya no hay plata ni para bizcochitos, menos hay para un fotógrafo. Tuve que tomar la foto con la vieja Rolleiflex que me ragaló mi abuelo. Así nos va.













Pispeá
 

Soberbia moral, insignificancia política.



Columna publicada en Nueva Ciudad.

“Democracia representativa no es democracia.

Democracia es democracia directa,

con mecanismos de revocatoria de mandatos,

toda esta cosa que planteamos nosotros.”


Luis Zamora / diciembre del 2001




El 12 de agosto del 2003, la Cámara de Diputados, luego de un largo debate, aprobó la ley por la que se declaró “insanablemente nulas” las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, un viejo reclamo de la izquierda presentado por Patricia Walsh y apoyado por el entonces presidente Néstor Kirchner.

El por entonces diputado Luis Zamora criticó la hipocresía de la UCR y el PJ (quienes habían sancionado y apoyado las leyes en discusión y hoy proponían anularlas), se vanaglorió de su “constante lucha contra la impunidad de la Dictadura”, previó que la anulación daría “más impunidad a los represores” y anunció que no “acompañarían” la iniciativa. Un plural abusivo teniendo en cuenta que, para ese entonces, el bloque de dos legisladores de Autodeterminación y Libertad ya se había separado en dos monobloques (separación que tal vez cada legislador hubiera continuado de no habérselo impedido la biología).

Zamora terminó votando en contra de las leyes de impunidad que siempre había denunciado junto al diputado Ricardo Bussi, hijo del conocido terrorista de Estado.

Ese fue el bautismo de fuego del zamorismo, doctrina cuya insignificancia política es sólo comparable a su incansable soberbia moral, aquella que también se reflejó en la renuncia tanto a su dieta parlamentaria como a la jubilación especial que le correspondía como ex diputado. Ese ingreso le hubiera permitido una dedicación exclusiva a la política pero también hubiese terminado con el ejemplo virtuoso del líder que corretea libros para sobrevivir.

En Chile, luego de las revueltas estudiantiles del año 2011, una nueva camada de jóvenes de izquierda entró al Congreso con una agenda que apuntaba a una mayor equidad, con el eje puesto en la reforma educativa y la reforma constitucional.

Apenas instalados en sus bancas, llevaron adelante un proyecto de reducción de la dieta parlamentaria además de toda una serie de críticas hacia los gastos parlamentarios, como el uso de la clase business en los vuelos a partir de determinada cantidad de horas (una precaución elemental cuando se viaja por trabajo).

En lugar de exigir más recursos -mejores ingresos, mayor estructura, más y mejores asesores- para llevar adelante las enormes reformas que apoyaban, esos diputados prefirieron dedicarle tiempo a ilustrar su propia virtud personal, alejada de la supuesta hipocresía del sistema.

Luego de descubrir con asombro que Néstor Kirchner no era Camilo Cienfuegos, Libres del Sur se distanció del kirchnerismo, al que hasta ese momento había apoyado. Además de otras críticas, los disidentes denunciaron una “alianza con los carapintadas”, en referencia a un acuerdo electoral con Aldo Rico, hoy olvidado (tanto el acuerdo como Aldo Rico).

Siguiendo el clásico péndulo opositor entre Heidi y Frank Underwood -es decir, entre absolutos morales y alianzas desenfrenadamente electorales- Humberto Tumini y Viki Donda, luego de criticar al gobierno por apostar más al aparato del PJ que a ex brigadistas del café, armó acuerdos con Sanz, Cobos, Pino Solanas, Prat Gay, la Mentalista Carrió e incluso se entusiasmó con la candidatura de Hermes Binner, un socialista tenue, partidario de la mano invisible del mercado.

Luego de la implosión del multimarca UNEN frente a las inclemencias de la realidad y la atracción irrefrenable que varios de sus referentes sintieron hacia el PRO, Tumini y Donda parecen dedicarle más energía a justificar la pureza cristalina de sus liderazgos frente a la inesperada traición de sus ex socios que a intentar salvar a su movimiento de la irrelevancia virtuosa.

El narcisismo de cierta izquierda químicamente pura demuestra que no hay un camino más rápido hacia la insignificancia política que la soberbia moral.

Foto: un entusiasta de la soberbia moral disfruta de las mieles de la insignificancia política (cortesía Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación  LED).
Pispeá
 

El periodismo de púlpito





Columna publicada en Nueva Ciudad.

"Joe: Usted es Norma Desmond. Salía en las películas mudas. Era usted grande. Norma: Soy grande. Son las películas las que se han hecho pequeñas".
Sunset Boulevard, Billy Wilder (1950)

Como le sucede al personaje de Gloria Swanson, muchas de nuestras antiguas estrellas de los medios viven su propio presente con una gran frustración. Sienten que siguen siendo grandes pero que nadie lo nota. Y sueñan con volver a su época de oro.

Esa época de oro fue el menemismo. El periodismo, o al menos un cierto modo de ejercerlo, se consolidó durante ese período. El periodista dejó de ser un profesional que investiga o simplemente analiza la realidad para intentar hacerla comprensible a sus lectores, y se transformó en la extraña reserva moral de la ciudadanía. Su tarea no consistió más en analizar iniciativas del gobierno, por ejemplo, o hacer comprensibles políticas económicas y proyectos de ley, sino en calibrar la honestidad de nuestros gobernantes con una estricta vara moral y, sobre todo, educarnos al respecto.

Por eso ya no nos sorprende que las sospechas sobre corrupción de funcionarios ocupen una parte significativa de los programas que dicen ser políticos. De la misma forma que analizar la pista de Anillaco o las sospechosas valijas de Amira Yoma era más relevante que analizar la privatización de YPF o el abandono del sistema ferroviario, por ejemplo.
Tampoco nos asombra algo realmente insólito: que los periodistas se indignen. Hay algo de profeta bíblico en muchas de las diatribas que leemos cada día, de lucha entre el Bien y el Mal mezclada con lugares comunes de cola de verdulería.

Hace unos años, Lanata dijo sobre el gobierno kirchnerista: "hace una confusión de roles que, en algún punto, es muy perversa. Te deja en un lugar raro, donde tenés que estar explicando si sos, no sos, si fuiste, si vas a ser, cuando en realidad ellos no son nada de lo que dicen que son. Pero te dejan culpable a vos".

Lo más notable es la denuncia sobre que el gobierno no sería “lo que dice ser”. Una preocupación compartida por gran parte de los medios, como si lo que un gobierno opina de sí mismo tuviera una trascendencia especial o incluso mayor a la de sus propias iniciativas políticas y las consecuencias de estas.

Bajo esa mirada moralista un gobernante mediocre que confesara serlo sería más preciado que uno bueno que se vanagloriara exageradamente de ser excelente.

De esa mezcla de profeta bíblico y señora gorda surgen momentos desconcertantes, como la entrevista a un ex integrante de CQC, una de las grandes avanzadas del periodismo de púlpito, en la que afirma que sólo “le cree al 10% de los políticos”. Una opinión perezosa que, sin embargo, un diario considera importante publicar, transformándola en “información”.

En esa visión de adolescente tardío, el único poder “que transa” (para retomar una expresión del ex notero) es el político. El resto de los factores de poder, incluyendo a los empresarios de medios que los contratan, no parecen desilusionar a nuestros severos profetas del Bien.

Otro ejemplo para recordar es el del periodista Alfredo Leuco, quien consideró imperioso escribirle una carta abierta al Papa para explicarle que está mal recibir a CFK en visita oficial ya que el mismo Papa habría dicho que no recibiría a políticos argentinos antes de las próximas elecciones. Se trata de un texto penoso, escrito con falsa modestia y repleto de sospechas y denuncias vaporosas, que tiene más que ver con un berrinche que con una columna periodística.

En otro artículo, sobre las internas del PRO entre Michetti y Rodriguez Larreta, el periodista Pablo Sirvén criticóel dedazo” de Macri a favor del actual Jefe de Gabinete, ya que eso no sería acorde con la nueva política pregonada por el partido macrista. La política, según los candorosos estándares de Sirvén, sería algo ajeno a cualquier otra práctica humana, sin presiones, luchas de poder o conflictos de interés. Una interna partidaria como un diálogo fructífero entre Heidi y Mi pequeño Pony.

Así, la conjunción entre moralismo, pereza y voluntad de educar al lector en lugar de informarlo ha ido transformando a nuestras viejas glorias en profetas indignados.

Foto: periodista serio alertando a sus conciudadanos sobre las atrocidades de la política y otras calamidades de época (cortesía Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED).
Pispeá
 

Elogio de la demagogia






Columna publicada en Nueva Ciudad.

Yo tengo un sueño…

Martin Luther King (discurso del 28 de agosto de 1963)

Cada vez que algún visitante ilustre (escritor de libros de autoayuda, modelo o cantante pop) pasa por Buenos Aires y declara que esta es “la ciudad más hermosa de la tierra” no solemos tomar esa generosa impresión como una verdad estadística sino, más bien, como la elemental cortesía de un invitado.

Cuando escuchamos “Yo te amo”, por ejemplo, no nos detenemos a pensar si de verdad el rojo carmesí de los labios en cuestión tiene el color del rubí, si era razonable que el autor se sintiera desangrar al no poder conversar o si la pasión le mordía de verdad el corazón.

Lo mismo ocurre cuando eludimos una temida invitación a cenar invocando una enfermedad imaginaria: no pensamos que lo correcto sería confesarle al dueño de casa que su conversación nos adormece tanto como su cocina nos impide dormir, consideramos -con razón- que la mentira social nos protege del tedio de la cena sin agraviar inútilmente a quién propuso prepararla.

Preferimos eso al estricto respeto a la verdad de un calvinista que nos anunciase, por ejemplo, que el pastel de carne que preparamos durante toda la tarde es vomitivo, que nuestro hijo es francamente limitado o que estamos más gordos que el año pasado.

Ocurre que la cortesía -como las licencias poéticas o la mentira social- son atentados a la verdad que aceptamos de buen grado porque, en el fondo, mejoran nuestra vida, aún sabiendo que muchas veces somos nosotros quienes recibimos falsos elogios o excusas imaginarias.

Por alguna extraña razón, esa prerrogativa que reconocemos como algo útil es justamente la que solemos prohibirle a nuestros gobernantes.

Nuestros políticos, a diferencia de nuestros visitantes ilustres, nuestros artistas o nuestros conocidos con poco talento culinario, están condenados a emitir enunciados de una verdad quirúrgica desprovista de cualquier artificio.

En ese sentido, la demagogia sería una especie de mal absoluto que nos aleja de esa necesaria certeza. Es más, dentro de esa exigencia calvinista incluso la retórica debería ser sospechosa, por ser un artificio que turbia la verdad. Es algo que viene de lejos: para Aristóteles, el demagogo era quien adulaba al pueblo para, al fin y al cabo, tiranizarlo.

Pero si tomamos la precaución de eliminar la tiranía como forma de gobierno tal como hemos hecho en los últimos treinta años, ¿cuál sería el riesgo de aceptar esa adulación?

Una de las críticas a los políticos demagógicos es que proponen proyectos irrealizables, como si la frontera entre lo posible y lo imposible fuera un muro de piedra inamovible: alguna vez el sufragio universal fue un proyecto irrealizable, como lo fue también la jornada de 8 horas, la AUH y hoy lo es el “salario ciudadano”.

La función de nuestros gobernantes no es sólo la de gestionar –aunque solemos votarlos en función de los resultados de su gestión- sino también la de desplazar ese muro de piedra inamovible. Y justamente para eso sirve la demagogia, para adular nuestros propios sueños. El primer paso para concretarlos.

El famoso sueño de Martin Luther King puede ser calificado de irrealizable e incluso de demagógico. En todo caso no fue un proyecto claro, específico, sino algo en el fondo bastante más valioso: una dirección.

La ley 1420 de Educación Común estableció también una dirección, un derecho nuevo, no la realidad quirúrgica de los recursos necesarios.

La demagogia es otro de los tantos homenajes que el vicio rinde a la virtud, como escribió La Rochefoucauld sobre la hipocresía. Quien detesta la demagogia tiene, en el fondo, un problema con la política. Al menos con la política de mayorías.



Foto: Nuestro Maestro de Luz Elbosnio intenta vender su famoso Manual a un joven ciudadano desprevenido usando argumentos demagógicos y otros artificios retóricos (cortesía Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED).
Pispeá
 

Cancelación Cena MAK Especial Elecciones Porteñas (15 de abril 2015)



















Cancelación de la cena: un acuerdo tácito estipula que los invitados de 678 deben pasar antes por la MAK. Por razones de fuerza mayor relacionadas con el frenesí de las elecciones esta vez ha sido al revés: Gaby Cerruti pasará antes por 678 el 15 de abril, dejándonos sin invitada y obligándonos a cancelar el ágape. 

Pispeá
 

Ser kirchnerista



Columna publicada en Nueva Ciudad.

Ser Kirchnerista en la CABA es ante todo un ejercicio de humildad y sufrimiento.

Es defender al Maligno.

Ser kirchnerista es que mis amigos me miren con preocupación y me pregunten si sigo siéndolo. Es que mi tía Chola me acuse en los almuerzos familiares con un “ustedes” que me incluye y por supuesto la excluye, de todo tipo de calamidades, como querer acabar con el diálogo en la mesa, el respeto a los mayores y un sinfín de otros valores notables que no sabía que mi tía Chola defendiera, pero sobre todo que ignoraba que mi familia tuviera.

Ser kirchnerista es ver cómo mis cumpleaños se van despoblando. Es constatar cómo mis opiniones políticas pasan a ser lo único que me define. Mis conocidos ya no me descalifican por mi ignorancia futbolera o mis gustos musicales: mi condición de kirchnerista concentra todas las críticas, como una especie de ánodo de sacrificio.

Ser kirchnerista, también, es ser nazi, estalinista, polpotiano, menemista, montonero, chorro y estafador, pero sobre todo es ser intolerante por pretender negarlo.

Ser kirchnerista es estar permanentemente al borde del abismo, a merced de un nuevo tiro en el pie oficialista que, “esta vez sí”, va a terminar con el gobierno.

Ser kirchnerista es tener que hacerme cargo de lo que opinó tal artista más o menos oficialista o simplemente cualquier otro kirchnerista.

Ser kirchnerista es ser ultraK, a diferencia de quienes apoyan a Macri, Binner o Cobos, que nunca son ultra nada.

Ser kirchnerista es indignarse porque el gobierno no para de cometer esos errores que podría evitar si “nos escuchara a nosotros”.

Ser kirchnerista es mirar con asombro como nuestra derecha, históricamente proclive a los golpes de Estado, las emergencias discrecionales y las cirugías mayores sin anestesia (preferentemente sobre miembros ajenos), se ha transformado en la severa defensora de la letra chica del más nimio de los reglamentos.

Ser kirchnerista es ver a nuestras viejas glorias caer de sus pedestales transformados en señoras gordas indignadas.

Ser kirchnerista es minimizar ciertos peligros con la excusa de que son imaginarios, como la inminente apertura de las cajas de seguridad, el decomiso de pasaportes, la prohibición del salmón o la Invasión de Polonia.

Ser kirchnerista es escuchar cada semana el anuncio de un nuevo fin de ciclo kirchnerista.

Ser kirchnerista es una decisión política mientras que ser antikirchnerista es sentido común.

Ser kirchnerista es ver como mis amigos que denunciaban “la politiquería del Congreso” durante el menemismo hoy se indignan porque CFK no esperó el dictamen no vinculante de alguna comisión parlamentaria.

Ser kirchnerista además implica no preocuparse por ser constantemente el peor país o, más exactamente, por no ser el país que no somos. No fuimos Irlanda hasta que no serlo fue una ventaja; no fuimos Grecia hasta que Grecia tampoco quiso ser Grecia; no fuimos Brasil hasta que Brasil se estancó y ahora, al parecer, no somos Perú.

Ser kirchnerista es aplaudir iniciativas como el matrimonio gay aun sabiendo que con este viento de cola cualquiera lo hubiera hecho votar, incluso De la Rúa.

Ser kirchnerista es negar que todo lo bueno era inevitable y todo lo malo, intencional.

Ser kirchnerista es ver como Néstor pasó de energúmeno violento a entusiasta del diálogo apenas tomó la precaución de ya no estar.

Ser kirchnerista es ver con asombro cómo el diario La Nación se preocupa por el respeto a los DDHH de nuestros nuevos socios comerciales.

Ser kirchnerista es ver cómo el apocalipsis inminente aunque esquivo de ayer es reemplazado por un nuevo apocalipsis igualmente inminente y siempre esquivo.

Ser kirchnerista es asombrarme porque CFK tiene menos legitimidad que Mujica por ser más rica pero no tiene más legitimidad que Macri por ser más pobre.

Ser kirchnerista es considerar que tal vez no logremos tener los servicios públicos de Finlandia con la presión fiscal de Burundi.

Ser kirchnerista, al fin, es padecer ciertas molestias ante comentarios antiK pero, sobre todo, es descubrir con asombro alguna tolerancia al peronismo.



Foto: una pareja de kirchneristas confesos huye de una horda de ciudadanos indignados por la falta de diálogo y la ausencia de consenso (cortesía Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED).
Pispeá