Su hegemonía es tal que nadie se atrevería a proponer su eliminación, ni siquiera los economistas serios que recomiendan reducciones salariales como paso necesario hacia el bienestar de los asalariados. Incluso el menor atraso en su pago genera reclamos violentos.
El aguinaldo parece ser el resultado de aquellas virtudes con las que sueña nuestra oposición. El diálogo, el conseno y los acuerdos a largo plazo “a favor de la gente” por sobre las mezquinas diferencias partidarias y las ambiciones electoralistas. Virtudes que nos alejarían del "endemoniado juego faccioso que Kirchner impuso a la confrontación política, activando permanentemente la antinomia amigo/enemigo", para retomar una cita del humorista L.A. Romero, viejo amigo de la MAK.
Como tantas otras ilusiones de la Heidipolitik, esta también es falsa.
Al instaurar el aguinaldo por decreto en el año 1945, Perón desató la furia de toda la oposición.
La Prensa, el gran diario opositor, hizo una crítica instrumental ("Es la forma de legislar por decreto, sin sujeción a las normas constitucionales y sin las garantías que ellas aseguran, lo que infunde desconfianza y alarma") pero sobre todo de fondo: en tanto medida económica, el aguinaldo debía ser pactado por la sociedad civil sin la intromisión del Estado. La decisión del gobierno restringía en ese sentido las libertades económicas.
No hay nada asombroso en ese argumento. Alsogaray, Martinez de Hoz, Vicente Massot, Hugo Biolcati, Longobardi o los chicos PRO no dirían algo muy diferente ante cualquier reforma inclusiva de sus épocas.
Lo asombroso es que también se opuso la UCR, el Partido Socialista e incluso el Partido Comunista, que explicó (con una candidez sólo superada 60 años más tarde por el MST de Vilma Ripoll al oponerse a la 125 junto a la Sociedad Rural), que el aguinaldo "perjudicará a los pequeños patronos".
El conjunto de la oposición rechazó la nueva medida por "su esencia demagógica, autoritaria y dictatorial y su finalidad electoralista" (cualquier parecido con el presente es puramente fortuito) y los entusiastas de la Unión Soviética y los admiradores de León Blum llamaron a los empleadores y trabajadores "a entenderse directamente a través de sus instituciones representativas y libres para la concertación de convenios" dejando fuera de la discusión a ese Estado que tanto admiraban en otras latitudes.
Poco tiempo después, Perón reincidiría con otra medida demagógica, autoritaria, dictatorial y electoralista, parecida a la que tomara el Frente Popular en Francia en 1936: las vacaciones pagas (es cierto que a diferencia del Mormón de Rafaela, el socialista Léon Blum, líder del Frente Popular, no quería un país normal sino uno justo).
En ambos casos, las indignadas asociaciones patronales y los economistas serios denostaron la peligrosa obligación de pagar a un empleado por no hacer nada y auguraron quiebras masivas.
En realidad, podrían haber ocurrido. No son afirmaciones sin sustento ¿O acaso en algún punto más vacaciones pagas, más aguinaldos, menos jornada laboral no nos llevarían al colapso? Aunque es bueno recordar que así como tienen sustento, las críticas pueden ser sólo una defensa infundada de un interés fundado.
¿Qué otro camino que el de ir progresando hasta que un paso más nos haga retroceder? Viendo a Suecia, pareciera que estamos lejos de ese punto.
Lo cierto es que hoy no recordamos aquellos enfrentamientos atroces, ni la terrible Grieta que generó el gobierno y que algún Lanata de los ’40 seguramente lamentó con ojos húmedos. Todos, incluyendo los partidos que con tanto ahínco se opusieron a esa iniciativa, la aplaudimos como aplaudimos la ley 1420, la ley Sáenz Peña de sufragio universal, el voto femenino, la jornada de 8 horas, el Juicio a las Juntas o la ley de divorcio. Iniciativas que también generaron furia y enfrentamientos.
Evo Morales, con su proyecto de doble aguinaldo sufre hoy el mismo rechazo que Perón o León Blum padecieron antes que él. Para la oposición boliviana la medida es "demagógica y electoral" y la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia la calificó incluso de "política", una característica sin duda asombrosa viniendo de un decreto presidencial y auguró que "seguramente no existirán los recursos disponibles para asumir el incremento". Previsiblemente, señaló también que sería "una pésima señal para las futuras inversiones''.
Las reformas de hoy son siempre aberraciones mal nacidas, mal implementadas, a destiempo. Las reformas futuras son sueños infantiles y las de ayer son derechos inobjetables.
Esa es la tríada que le permite al Poder no dar peleas sobre los derechos establecidos que tendrían millones de beneficiarios defendiéndolos.
Es posible que los libros de historia del futuro mencionen la terrible crispación de esta época crispada, el llanto de Fernando Bravo, el miedo al censista, los caceroleros que exigen conferencias de prensa o el cortado que un mozo de La Cámpora le negó al teledoctor Castro. Creemos, con esa ingenuidad típica del ultrakirchnerista a sueldo, que prevalecerán las grandes iniciativas como la AUH, el relanzamiento de los juicios por DDHH, el matrimonio gay, la Ley de Medios (digo, de Servicios Audiovisuales), la incorporación al sistema de millones de jubilados sin aportes o la expropiación de YPF.
Foto: Veraneantes de esencia demagógica, autoritaria y dictatorial y con finalidad electoralista, pagados por no hacer nada en una playa atlántica a fines de los '40, incentivan el desencuentro entre argentinos y la antinomia amigo/enemigo (gentileza Fundación Gainza Paz - "Las vacaciones son para quienes no las necesitan")
Nota: Las citas y los textos entre comillas son de un trabajo de la UNSAM que lamentablemente ya no está on line y los mejores párrafos son de nuestro Maestro de Luz Elbosnio que ofició de editor.











