Entre las muchas calamidades que el kirchnerismo nos deja como legado, el Relato oficial, modalidad discursiva desconocida por los gobiernos anteriores e incluso por gobiernos de otras latitudes, parece ocupar un lugar de privilegio.
De la misma manera, un presidente que se comprometiera a erradicar la pobreza pero sólo la disminuyera a la mitad debería recibir más críticas que uno que considerara que “pobres hubo siempre y hay en todos lados”, sin intentar siquiera combatir esa realidad tan común.
El relato del Relato permite, por ejemplo, que el humorista Claudio Lozano se enfurezca con el gobierno porque para él los puestos de trabajo creados desde el 2003 fueron 4.700.000 y no 5.000.000, como exageradamente anunció CFK. También permite que la no realización de determinadas iniciativas anunciadas indigne incluso a quienes estaban furiosamente en contra de llevarlas a cabo.
De la misma manera quienes estuvieron en contra de la reestructuración de la deuda (es decir, quienes exigían pagar el 100% de los bonos a su valor nominal) hoy critican al gobierno por hacernos correr el riesgo de pagar el 2% a ese valor. El argumento es que el gobierno anunció que no negociaría con los Fondos y terminó negociando. No importa el resultado final de la reestructuración, virtuoso o nefasto, ni siquiera la negociación real (el gobierno nunca dejó de negociar, como lo prueban tanto la reapertura del canje como los confortables honorarios del estudio Cleary, Gottlieb, Steen & Hamilton) sino la comparación con eso que el gobierno dijo, o que alguien dijo que dijo.
Como en el caso de la pobreza o de YPF, un presidente que prometiera una reestructuración del 75% de la deuda soberana y sólo obtuviera el 60% dejaría aparentemente un peor legado que uno que se comprometiera a aumentarla al doble y cumpliera.
El relato del Relato nos explica que el gobierno miente descaradamente, transformándonos a todos en lectores de un infinito diario de Yrigoyen. Hay una crítica moral, ("mentir es malo") y otra instrumental (como diría Sarlo): la mentira mantiene al kirchnerismo en el poder.
Es extraño que el relato sea denunciado por uno de sus mayores utilizadores, la oposición, que ha mantenido durante años el suyo, un patchwork vaporoso plagado de “diálogo y consenso”, “escuchar a la gente”, "hacer las cosas bien" o “buscar las soluciones adecuadas”, incluyendo la maravillosa “ancha avenida del medio”, su más reciente adquisición. Dicho relato incluye por supuesto el Contrarrelato, por llamarlo de alguna manera, que denuncia al gobierno por nazi y stalinista, chavista y menemista, estafador de bonistas y pagador serial, ideologizado y pragmático, montonero y procesista, o incluso neoliberal dirigido por un ministro marxista, mientras anuncia desde hace 10 años el apocalipsis inminente aunque siempre esquivo.
El Contrarrelato nos explica que la política de DDHH del gobierno es puro cuento a partir del tan criticado nombramiento de Milani, aunque antes de ese nombramiento esos mismos críticos no la mencionaran como una realidad. Es como el giro a la derecha de este gobierno de derecha que denuncian nuestros amigo troskos.
Foto: El 18 de junio de 1940, el general De Gaulle, enemigo acérrimo del Relato, le confiesa a los franceses que en Londres está completamente solo, que Churchill desconfía de él, que no tiene recursos, que es un desertor y que lo mejor es olvidar los sueños de la Resistencia y empezar a estudiar alemán (gentileza Fundación Led para el Desarrollo de la Fundación Led).











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