Para los que no asistieron o estaban twitteando distraídos mientras se daba la conversación, va este post sobre un tema que discutimos en la MAK.
Mi transcripción, como todas, goza del derecho tiránico del escriba (sin alusión a
Tereschuk): decido qué comentarios recordar, cuales olvidar y edito un poco cuando lo creo oportuno. Al que considere que le tergiversé alguna idea, presente por triplicado la queja en nuestra Comisión de Periodista y Operaciones (PERO por sus siglas en inglés).
El tema tratado fue la corrupción. Entendida como pagos y cobros de coimas; no incluimos esa corrupción política que consiste en llevar a cabo medidas contrarias al interés de los representados para beneficio individual del representante, como sería no apoyar la ley de matrimonio igualitario para evitar represalias del párroco de su barrio o no estimular leyes antitabaco para no perder el apoyo económico de las tabacaleras a las campañas propias o evitar que financie las campañas del adversario. Estas corrupciones de mayor dimensión no estuvieron en discusión, solo las de sobres y valijas.
Una última aclaración, cuando hablamos de corrupción nos limitamos a los casos de sospechas de corrupción, porque nadie en la Argentina defiende a un condenado por corrupción, ni siquiera a un imputado. Nadie de ningún sector pide que liberen a Jaime o lo exculpen por ser parte de un gobierno que tanto bien hizo, o por ser amigo de Néstor, líder fundador de la Unasur. Eso que escuchamos a menudo por los genocidas, no se escucha a favor de estos corruptos.
"Al condenado, cárcel" parece ser la bandera única.
El tema cuando hablamos de corrupción es entonces el de los sospechosos de recibir sobres o valijas contra favores.
¿Es importante la corrupción?
Esta fue una pregunta disparadora.
Mendieta aclaró que para un gobierno de tantos años y que construyó tanto, los casos de sospechosos de corrupción son más bien pocos. Algo que sorprende al escucharse por primera vez pero que resulta claro cuando se piensa un poco y se compara. No tenemos más sospechosos de corrupción que los que tuvo La Alianza, en un período bastante más breve. No hablamos de virtud ni de dimensión del daño, solo de casos o de personas. No sé qué significa, pero ese fue el comentario y Mendieta me pago para pasarlo en actas.
"¿Aún siendo pocos los casos, no debería el gobierno hacer del combate de los sospechosos de corrupción un eje de la gestión? ¿No hace ya con eso un eje de su comunicación?", nos preguntamos.
Mi impresión es que el gobierno no hace ningún eje de gestión en cazar a los sospechosos, ni tampoco hace eje allí en su comunicación. Y creo que hace bien, principalmente porque la corrupción no le importa realmente a nadie.
No se nota en la ciudadanía ninguna tendencia a preferir con su voto gobiernos con menos sospechas que otros. Más bien la tendencia es hacia la aprobación de gobiernos que se ocupen de su realidad y de los que tienen la percepción que la mejorará. Macri no padeció por su procesamiento, ni hubo un crecimiento sensible de evangelistas en la política. Ganaron los humanos de siempre, llenos de sospechas, de actitudes groseras, chabacanas, priorizando entre ellos a quienes le dan la impresión a la ciudadanía que le mejoraran la vida, con o sin sospechas.
¿Por qué el gobierno nacional comenzaría una caza de brujas contra todo aquel que aparezca en una tapa de diario bajo el cartel de Corrupto? ¿Por qué el gobierno se crearía crisis políticas o de gestion sólo para mostrar una campaña contra un flagelo al que la ciudadanía no le da importancia, a riesgo de afectar la gestión y sus resultados, lo que sí la ciudadanía valora y mucho?
Por supuesto que si nos preguntan en la calle qué nos molesta del gobierno diremos "la corrupción". Pero esto es como cuando nos preguntan por qué tenemos cable. "El canal de música clásica, el canal de didáctica para chicos donde les enseñan jugando, el canal de documentales históricos y poco más" afirmaremos todos con inusual coincidencia. Pero los operadores de cable saben que cuando se interrumpe el servicio del canal de ópera nadie llama al servicio técnico para reclamar, pero cuando se interrumpe PlayBoy, el de Tinelli o las señales de películas de acción, sus call centers estallan.
Si un gerente de un operador de cable propusiera dedicar recursos para el canal de la ópera, recursos que por supuesto saldrían de aquellos usados para tener los de entretenimiento, lo despedirían en el instante. "Pero los propios usuarios me lo sugirieron" nos dirá agitando la encuesta de Management & Fruit, mientras se lleva su caja de pertenencias a su casa.
Somos otra cosa que eso que creemos ser y mucho más otra de eso que quisiéramos ser. La política, cuando es administrada por tipos serios de verdad (de esos que necesitarían hoy los países serios) debe ocuparse de quienes somos porque al final votamos según quienes realmente somos.
Incluso en la MAK hubo quienes se levantaron indignados al escuchar una afirmación como "No nos importa la corrupción" o "No tiene trascendencia".
Eso habla bien de quienes se levantan. Es como quien se indigna al escuchar "Los muertos de Ruanda no nos importan". Son frases indignantes y es virtuoso levantarse en contra de ellas. Lo que no las hace menos ciertas, ni aún entre quienes se levantan indignados.
Nos indigna que no nos importe, pero eso no hace que nos importe.
Cuando decimos que algo no tiene trascendencia no significa que nos dé idénticamente lo mismo si ocurre o no ocurre, como una igualdad matemática. Sólo significa que entre las muchas cosas que no nos dan lo mismo que ocuran o no ocurran, listadas por importancia, esta aparece en el puesto 25 o 26.
Si nos preguntamos "Prefiero un gobierno que baja la desocupación 15% y tenga sospechas de corrupción o uno que la baja 10% y no las tenga?" o "Prefiero un gobierno que incluya a 2,5 millones de jubilados y tenga sospechas de corrupción o uno que solo incluya a 1,5 Millones pero carezca de ellas?". Las respuestas nos irán marcando cual es la real trascendencia que le damos a la existencia de sospechas de corrupción. Veremos que en el nivel de hechos en los que influye un gobierno nacional, en el nivel de diferencias que existen actualmente entre unos y otros partidos o gobernantes, las sospechas de corrupción no escalan demasiado. Quizás algún día en el que todos los gobernantes parezcan darnos las mismas garantías de mejoras, donde todos obtengan idéntico puntaje en los asuntos principales, la corrupción, el decoro y el buen uso del idioma se transformen en valores que definan un apoyo o un rechazo. Por ahora esa parece una situación de laboratorio lejos de la realidad.
Otra razón importante para no recomendarle al gobierno a hacer eje de comunicación en el combate a los corruptos (mas allá de hacerlo o no en la gestión) es que en la comunicación ese combate siempre se pierde. Basta que el adversario tenga un medio masivo para que nos instale con facilidad la idea que hay un corrupto suelto y con eso demostrará que nuestro combate es ineficaz, cuando no tolerado o fomentado. Una foto, una sospecha basada en la novia de un tipo que alguna vez creyó cruzarse con un funcionario, y tenemos un WaterGate. La sospecha es más fácil de transmitir que la gripe.
En política no es bueno hacer eje en una variable cuya medición maneja discrecionalmente el otro.
No focalizarse en el combate de los sospechados ni hacer un eje del discurso oficial (el relato) con el combate de los corruptos, no significa no gestionar para disminuir la corrupción. Suplantar los distintos tipos de planes por la AUH que va directo a cuentas sin poder pasar por punteros, la eliminación de la policía y sus colas de privilegiados acomodados en la emisión de cedulas y pasaportes, las múltiples fracturas en la corporación jurídica y su próxima "democratización" sea lo que sea que signifique, la incorporación de Gils Carbó a la procuración, la eliminación de colocaciones de deudas millonarias y frecuentes con sus renegociaciones y blindajes, la famosa y ya olvidad resolución 7 de la IGJ contra los accionistas desconocidos de los paraisos fiscales, y un montón de movidas más, reducen las posibilidades de corrupción y de la necesaria impunidad posterior. El gobierno ha dado la lucha por modificar esas instancias que son a futuro mas productivas en términos de combate a la corrupción (por su eliminación o disminución) que el cortoplacista efecto de echar ministros por la ventana a medida que aparecen en los diarios o que se juntan suficientes firmas que así lo pidan, como parece ser la estrategia de Dilma (quizás obligada por unos medios con plena potencia). Los ministros vuelan pero las condiciones que hacen que reaparezcan se mantienen.
El gobierno parece haber escogido otro camino, los ministros voladores necesitan de un condena judicial para despegar, al menos de un procesamiento, pero va cambiando las condiciones y mucho en la dirección de dificultar la ocurrencia de actos de corrupción.
Todo esto no significa que el gobierno deba dar la impresión que no le importa la corrupción. Solo que no debe entrar en un combate heroico contra los sospechados porque es una epopeya que no paga electoralmente y que sus consecuencias podrían afectar resultados que sí pagan. Además que es mucho mas efectivo, a los efectos de eliminarla, implementar medidas que erosionen las condiciones que abonan hoy la corrupción que andar corriendo detrás del festival de sombras chinas a las que nos tienen acostumbrados los medios de la oposición real y sus repetidores en la oposición partidaria.
¿Se puede gobernar sin sospechas de corrupción? Siendo que no se conocen casos de gobiernos que generen fuertes avances en los derechos populares que no lo hagan sumergidos en muchos casos de sospechas de corrupción pareciera difícil de asegurarlo. Puede ser un buen sueño y los sueños pueden hacerse realidad. Pero no se puede descartar que no sea posible.
Incluso hablamos sobre si la corrupción real, la existencia de sobres que van y que vienen, no es un proceso necesario para llevar a cabo una política popular en países con niveles de desarrollo como el nuestro. ¿Podríamos lograr los avances que logramos sin disponer con cierta discreción de los fondos que financian medios propios? Nadie defendería los sobres que terminan en los anillos de Jaime, pero no hay acasos sobres virtuosos, necesarios?
Es lo bueno de la MAK, uno puede sostener estas cosas y poder terminar de cenar sin estar embadurnado de alquitran y
cubierto de plumas.
En la charla apareció también la comparación con la sensación de inseguridad. En este caso, diametralmente opuesto, el votante efectivamente mueve su voto hacia representantes que den signos de ocuparse de la inseguridad. El gobierno debe hacer eje en su combate y dar muestras que lo esta haciendo. Y por supuesto, como hace con la corrupción, implementar medidas que reduzcan los hechos reales de inseguridad. Porque a diferencia de la corrupción nadie sostiene que haya actos reales de inseguridad que puedan ser virtuosos para la politica popular.
La seguridad es uno de los resultados mas importantes por los que se juzga un gobierno. La falta de corrupción no. A lo sumo, la corrupción puede ocasionar disminución en esos resultados, cosa que habrá que probar, pero no es en sí un resultado buscado.
Dicho esto, si es cierto que Máximo nos lee (¿Por qué deberíamos dudar de la palabra de Lanata?) el mensaje sería "sigamos robando dos años más".
(*) En la foto, un fan de la MAK de la tercera edad nos envia su opinión sobre las sospechas de corrupción.