
Con el objetivo de fijar la agenda del próximo período 2011-2031, el Departamento de Lineamientos Políticos de la MAK (el ya legendario DeLiPo) ha determinado una serie de tópicos para discutir con todos los miembros activos (es decir aquellos militantes aguerridos que hayan leído al menos 2 páginas del MAKnual de elbosnio, con certificación ante escribano público).
Partiendo de la premisa Marmikok que establece que el gobierno entrega lo mejor de sí bajo presión o al menos cuando logra polarizar a la opinión, el primer tópico elegido busca combatir el ambiente ecuménico generado por el resultado de las PASO, que liofilizó a la oposición al mismo tiempo que impulsó el pankirchnerismo y la vuelta de un sinfín de hijos pródigos, como escribe el amigo Inye.
Es por eso que proponemos que una de las primeras medidas de la nueva etapa sea arrojar al cardenal Bergoglio al foso de los leones o simplemente lapidarlo.
Pese a los evidentes beneficios intrínsecos de la medida, que recomendamos llevar a cabo un 14 de octubre en honor a la expulsión del nuncio apostólico en 1884, no descartamos que haya gente que la critique o incluso la lamente, lo que redundaría en un beneficio adicional y tal vez superior: La puesta en marcha de un nuevo Grupo A en clave eclesiástica, con las enormes alegrías que eso aportaría al campo oficial en general y a la MAK en particular.
Si bien las ventajas son evidentes en lo que respecta al objetivo estratégico, no queda claro cual sería el método idóneo.
La fosa de los leones presenta una ventaja indudable ya que forma parte, o al menos está relacionado, con el cristianismo primitivo. Sería una manera de reanudar con una práctica milenaria respondiendo a ese obstinado pedido opositor de políticas de largo plazo.
Además, permitiría que en el improbable caso de no ser devorado, Bergoglio pueda transformarse en un nuevo Daniel y en el caso, más realista, de serlo pueda convertirse en mártir. Si Wojtyla fue beatificado por un milagro express no documentado, podemos imaginar que el martirio garantizaría una santificación inmediata a nuestro cardenal preferido.
La lapidación, la segunda propuesta imaginada, va más allá de las tradiciones cristianas y ofrece en ese sentido una visión más ecuménica. Al eliminar la intervención felina, permitiría escapar a la segura crítica de organismos de defensa de los derechos de los animales relacionada con los peligros de una ingesta de alimentos poco balanceados. Se trataría además de una actividad mano de obra intensiva, acorde con el modelo actual, así como sustentable y ecológica (las piedras y cascotes, previo lavado, podrían ser reutilizados).
Para pensar.





